Yo solo quiero leerte

Yo empecé en esto haciendo striptease. De verdad, hay por ahí un vídeo del Premio Hache que lo demuestra. Lo hacía en institutos, cuando iba a hablar de 'Pomelo y limón', bueno, mejor dicho, cuando iba a hablar de literatura, de palabritas, de la vida, vaya, con la excusa de mi novela 'Pomelo y limón'. Iba desnudándome (literalmente) poco a poco. Espero que se entendiera. Me hago mayor y ya no me desnudo ni hago tantas otras cosas desesperadas que hacía para intentar llegar a un público que —yo lo sabía— muchas veces no deseaba estar ahí. Nadie pregunta a un chaval de 15 años si quiere que venga a darle la chapa la autora de ese libro que tampoco nadie preguntó si quería leer. Pero sigo haciendo encuentros. He ido renovando el repertorio y descartando los recursos que no me son propios. Por ejemplo, no soy una buena narradora oral al uso. A nada que gesticulo de más, me invade algo que parece alipori pero que debe ser otra cosa, porque es una vergüenza ajena tremendamente propia. Admiro enormemente a quienes lo hacen, pero a mí no me sale. He descubierto que lo que yo quiero hacer, lo que me sale natural y me es propio, es sentarme a leer. No es vagancia, lo juro. Es magia. Un libro en las manos, la mirada que va y viene del libro a quien te escucha, y ahí, en medio, ABRACADABRA, La Creación, aparece algo que no estaba. Si me preguntas qué hago en los encuentros, te diré: «Yo solo quiero leer. LeerTE, a ti». Es increíble, pero no hace falta nada más: una voz, un libro, dos orejas. Bueno, eso, y que cada uno —quien lee, quien escribió y quien escucha— ponga ahí todo su ser.
4 de septiembre de 2023

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