Soy una majadera

De niña uno de mis juguetes favoritos era una especie de puzzle que había en casa de mis abuelos. Tenía un montón de piezas, hexagonales, creo recordar. En cada pieza había medio refrán y tenías que encontrar el medio refrán que lo completaba. Si no lo hacías bien, te salían cosas como «A mal tiempo, oídos sordos». (Por favor, si sabes cómo se llamaba ese juego, ¡recuérdamelo! Puede que fuera material escolar; mis abuelos eran maestros).

Me encantaban los refranes y, ya se sabe, «Hombre refranero, hombre majadero». ¿O no se sabe? ¿Son los niños de ahora tan majaderos como yo? No estoy segura. Pero, por si acaso, he escrito este libro.

He convertido los refranes en moralejas de pequeñas historia en verso. En el libro hay eso —refrán-historias— y adivinanzas y trabalenguas. Algunos son un homenaje a textos populares, pero todos son inventados y muchos, modernos a rabiar. Diría que el conjunto me ha quedado divertidísimo, tronchante, si no fuera porque «dime de qué presumes y te diré de qué careces».

Este libro iba a ser un refranario. Así lo presenté. Una serie de historias rimadas, divertidas, que desembocaban en un refrán a modo de moraleja. Bueno, divertidas y un pelín crueles, como son a veces los refranes, que no son más que un reflejo de la vida, que hay que ver cómo se las gasta a veces.

«¿Y si añadimos adivinanzas y trabalenguas?», me sugirieron mis queridas editoras de Molino. La sugerencia fue en sí misma un regalo. ¡Pero si el mejor regalo de Reyes que recuerdo es, siendo muy niña, el 'Adivina adivinanza' de Carmen Bravo-Villasante! (y el libro de 'Los Gnomos', pero esa es otra historia). Me lo pasé pipa inventando adivinanzas (o sea, mirando las cosas por primera vez) y trabucando trastabillante con las letras en mi libretita, en algún lugar del Retiro. Medio libro está escrito en sus bancos.

Es un libro fácil de leer (se puede ir picoteando a cachos), de compartir (¡adivina!, ¡a ver quién lo lee más rápido sin trabarse!) y de regalar. Si a alguien se le ocurre mirarle el dentado (como al caballo regalado), verá que dentro hay unas divertidas ilustraciones de Patri de Pedro. ¡Qué más se puede pedir!

 

2 de diciembre de 2

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